21.3.16

“Alguien viene”: El hombre religado a Dios en Xavier Zubiri

Conclusões da tese doutoral (no original espanhol)

Nota prévia: No artigo “Introducción al problema de Dios” (1963), Zubiri começa dizendo que a questão da existência de Deus é a mais fundamental da vida humana, mas que, na contemporaneidade, antes de demonstrar a existência de Deus, é preciso “mostrar” que existe tal problema, o qual já não é mais evidente. Então ele comenta Santo Tomás (S.Th. I, q2a1): o Doutor Angélico, referindo-se a S. João Damasceno, que dissera que o homem possui um “conhecimento natural” de Deus, explica que este conhecimento, na realidade, advém do desejo inerente de felicidade, uma vez que a felicidade é Deus. Mas, diz o Aquinate, trata-se de um conhecimento similar ao de saber “que alguém vem”, sem que se saiba que “o que vem é Pedro”, ou seja, Deus não é evidente (como queria S. Anselmo), mas é preciso demonstrar sua existência. Atualmente, retoma Zubiri, não sabemos nem mesmo “que alguém vem”! Ele então realiza a análise do fato que ele denominou “religação”, isto é, a dependência existencial da pessoa humana da realidade (e, consequentemente, do Fundamento da mesma), o “saber que alguém vem”. Meu doutorado buscou conectar a estrutura do “problema de Deus” com a estrutura do “problema da inteligência” segundo Zubiri. Seguem as conclusões.


Religación y Verdad

Intelección y realidad están co-actualizados porque el hombre vive en la respectividad de lo real, fundado en su poder: es el hecho de la religación. Una religación de índole “física” [real] y no “conceptiva”: estoy “con” las cosas reales “en” lo real. Siempre estoy en su constitutivo poder, bajo su domínio, que nada tiene de “opresivo”, sino que es un poder liberador, en el sentido de que me va permitiendo desplegar siempre más y más mi ser relativamente absoluto. La misma religación es la raiz de mi libertad, la cual empieza siendo libertad “en” la realidad –libertad “en” Dios en última instancia– para sólo después ser libertad “de” (coacciones) y libertad “para” (el cumplimiento de los deberes).

El hombre como tal, el hombre integralmente considerado –y no sólo su “inteligencia”– es, pues, congénere a la realidad [“nasce junto”, no sentido de que só existe e se compreende frente à realidade, nos termos zubirianos]. En el estudio filosófico del hombre no se puede prescindir de la presencia del poder de lo real en la realidad humana. Cualquier otro problema humano queda insuficientemente iluminado sin el problema de la fundamentalidad. Si la congeneridad entre inteligencia y realidad funda el realismo, la consideración más general de la religación del hombre al poder de lo real funda la realidad misma del hombre. Por esto, el problema de Dios es el problema del hombre: porque el problema del hombre es el problema de la fundamentalidad. Sin esta dimensión teologal, todo discurso sobre lo humano carece de radicalidad y, generalmente, de autenticidad.

El poder de lo real, en cuanto es una dimensión formal del “de suyo”, es tan prius como aquél [ainda que o ponto de partida para conhecer a realidade seja sua presença na inteligência, nesta presença a realidade/o “de suyo”/o “poder do real” se apresenta como formalmente anterior ao inteligente]. No es aún la prioridad de Dios –que es asunto de la intelección racional–, sino la prioridad de aquello que, presente en la aprehensión, permite llegar a conocer que Dios nos está fundamentando –además, si Dios fuera aprehendido “en si” en la intelección primordial [ontologismo], sería “inmanente” al hombre, y no “transcendente” en él (y en el cosmos). El poder de lo real es la raiz común, en la religación, del ser del hombre y de las cosas reales, porque las cosas reales van siendo apropiadas y modificadas por y en la configuración que el hombre hace de si, en su tensión teologal hacial el fundamento.

La aprehensión del poder de lo real es principio de la vida religiosa, de la vida formalmente fundamentada. La religación nos lleva inexorablemente “hacia” la intelección de lo que sea el fundamento. El apoderamiento nos da la verdad real de la fundamentalidad de la realidad; hay que buscar su verdad racional, para ver claramente los contornos de la realidad-fundamento. Por eso el problema teologal no es arbitrário, optativo o cosa parecida. Incluso el no-preocuparse por él es ya una toma de posición frente a Dios, que no queda sin consecuencias para la vida del indiferente.

Por no ser arbitrário, el problema de Dios no es el problema de si hay o no fundamento, sino de cuál es. Se trata de encontrar racionalmente cuál es la realidad allende la aprehensión que hace posible la fundamentalidad de la realidad. Ni el ateo puede negar la fundamentalidad de la vida. Pero, del mismo modo que es “diáfana” la realidad dada en impresión, es diáfano el poder de lo real. Si la metafísica general es ciencia de lo diáfano, visión violenta de lo diáfano, la metafísica teologal es visión violenta de Dios en todo lo real. No hay esfuerzo que valga más la pena, porque de él depende la configuración de nuestro ser en Dios, que es nuestra misma realización personal. Se trata de descubrir a Dios transcendente “en” el mundo, feliz fórmula zubiriana que concilia y explica la transcendencia y la omnipresencia de Dios.

De la misma manera que no se puede llegar a conocer verdaderamente lo real obviando la presencia impresiva de la realidad, no hay posibilidad de conocer a Dios –al Dios verdadero, del monoteísmo, transcendente e implicado en la realización de la persona humana–, huyendo del mundo, replegándose sobre si mismo. Aun el que tenga pretensiones místicas a través de un “vaciamiento” mental, sólo llega a esta actitud porque partió de la intuición de la existencia del fundamento en la apertura al poder de lo real, olvidando posteriormente este momento.

Religación y Vía

Si por um lado la religación es un “hecho”, por otro es “vía”, una “ruta”, que desde el poder de lo real llega a una concepción de Dios: plenária o deficiente. Si el “horizonte” es um modo concreto de “familiaridad con las cosas”, la “via” es –o debería ser– un modo concreto de “familiaridad con Dios”.

La vía, del mismo modo que el horizonte delimita nuestra percepción de las cosas, delimita nuestra concreta visión de Dios. Así como sólo es posible el horizonte en virtud de la congeneridad física [real e não lógica] de inteligencia y realidad, sólo hay vía filosófica hacia Dios o ruta religiosa en virtud del hecho de la religación. En la misma línea de lo dicho acerca del horizonte, el hombre y Dios, o el hombre y el poder de lo real que conduce a Dios, están siempre “encontrados” y “desencontrados”. Es decir, de modo análogo a la ceguera intelectual que proporciona el surgimiento del horizonte [que delimita as possibilidades intelectivas], hay una “ceguera espiritual” que es razón de que la religación va en una u otra línea. Se trata de un estar “en” el poder de lo real “sin” este poder. Pienso que ésta es una buena formulación para designar lo que teológicamente está representado en la noción de “pecado original” [originado]. Si en la cuestión de la congeneridad el encuentro originário postulado era “sabiduría”, aqui se trata de la “gracia”, en cuanto un estado de religación conversiva hacia Dios.

Como en el problema del horizonte, el hombre se encuentra en medio a las cosas reales “extraño” al poder de lo real y a Dios que fundamenta este poder. Y desde esta extrañeza traza las vias intelectuales o religiosas en las cuales conceptúa el poder y piensa a Dios. La vía trazada es una vía para la “comunión” con Dios, una comunión que es buscada porque el hombre está constitutivamente religado de manera privativa a Dios, y necesita llegar a una religación conversiva, pudiendo, en el camino, desviarse y llegar a una religación aversiva –términos teológicos de Zubiri. En este camino, todas las realidades con las cuales voy haciendo mi vida tienen que estar referidas a la idea de Dios que dirige la configuración de mi ser relativamente absoluto.

Según Zubiri, yo me voy comprendiendo a la vez que voy comprendiendo a Dios. La respectividad entre mi persona y el poder de lo real es la causa de que mi idea de Dios esté en la base de la idea de mi propio ser. Si el horizonte es un prius para la concepción de inteligencia y realidad, la vía religacional en que me encuentro dirigido hacia Dios es un prius. En este prius, es decir, en la luz de la idea de Dios que tengo esbozada, todas las cosas reales son vistas. Cómo me puede fundamentar cada una de las cosas sólo puede ser concebido en el interior de una ruta religiosa, en la cual las cosas reales en su poder me son familiares y extrañas.

Como el horizonte, la actitud religiosa o la ruta religiosa tomada ante el problema de Dios no tiene una estructura determinista: si mi actitud o ruta no son las que corresponden a la debida actitud de fe y a la concepción plenária de la divinidad, y si mi búsqueda de Dios es sincera, no estoy condenado a permanecer en un posible error –aunque sólo conozca la verdad plena más allá de esta vida. Y es necesario decir que hay grados en las actitudes ante al problema de la fundamentalidad y también en las mismas rutas religiosas (monoteísmo, panteísmo y politeísmo).

Así, por ejemplo, habrá um agnosticismo que podría ser llamado “angustiado”, que no agota, en el fondo del corazón, la llama de uma posible entrega a uma realidad-fundamento que pueda surgir em la vida del agnóstico. Y podrá haber um agnosticismo “desesperanzado”, en que su suspensión de la fe no guarda más ninguna tensión hacia lo absolutamente absoluto –cosa sólo verificable en el último acto de la vida de lo agnóstico, obviamente.

Dentro de la indiferencia, habrá una forma de ella que efectivamente no es “frívola”, como dice Zubiri, sino que implica una, por así decir, “alegría de vivir”, en la cual el dejarse llevar por “lo que sea” el fundamento, puede topar, en su camino, con la verdadera realidad-fundamento, descubriendo en ella lo que siempre la estaba llevando. Pero habrá uma indiferencia “superficial”, cuya despreocupación significa un caminar torpemente de un lado a outro por incapacidad de entregarse a realidad alguna.

Ya el ateo podrá considerar la facticidad de la vida humana como algo que pertenece a cada ser relativamente absoluto, con lo cual no tiene las puertas de su corazón cerradas a la comunión con la realidad-fundamento. Pero también podrá considerar que lo único que es factible es “su propio pueblo” o “su ideologia”, con lo cual no es que esté lejos de Dios, sino que se apartó de su propia humanidad.

También en las rutas del pensar religioso podrá haber desvios, y esto incluso dentro del monoteísmo mismo, que será tanto más verdadero cuanto más se confie exclusivamente en Dios. Para el panteísmo, por ejemplo, todo es partícipe necesariamente de la realidad divina, incluyendo la realidad del mal, que entonces tiene que ser considerada ilusória. Si el panteísta busca purificarse, para purgar la existencia (supuestamente) ilusória de este mal, no estará distante del Dios transcendente. Pero si el panteísta interpreta que esta inconsistência del mal le da el derecho de abrazar todo y cualquier impulso, este panteísmo es una “gnosis” por la cual el alma ya está perdida.

Religación y Vida

La religación es el hecho que da inicio a la búsqueda de Dios por diversas rutas y a través de diversas actitudes. Pero también es la experiencia que se tiene en esta búsqueda, en la cual Dios me está llevando hacia él. En esta búsqueda yo sé que “alguien viene”, y además sé que cuando llegue a estar cara a cara con él sabré “quién es” (“quien viene”). La expectativa vivida en la entrega de la fe, al ser una apropiación de la verdad personal real de aquél que viene, ya me da la seguridad de que mi ruta emprendida llegará a buen término.

Un hombre fiel manifiesta la riqueza de la fe en su totalidad, pone su seguridad en Dios que permanece siempre fiel, y alcanza su estabilidad y efectividad en la perennidad divina. Y así va configurando su ser relativamente absoluto en las manos de Dios. La configuración de mi Yo entregado a Dios constituye la vida en “gracia”, la vida que asume positivamente la religación constitutiva, que así se hace religación conversiva. Se trata de un estar formalmente apoderado por el poder de lo real –o por el Espíritu de Dios, en última instancia– en un proceso de continuo cambio o renovación de mi mentalidad (metanoia), que la va conformando a la verdad real de Dios –a su Verbo o Hijo, en última instancia.

Si la congeneridad entre inteligencia y “de suyo” constituye un proyecto filosófico (del hombre como luz de la realidad o de la realidad como luz del hombre), la congeneridad entre hombre y poder de lo real constituye el mismo proyecto vital en que consiste la auto-posesión del hombre. Es un lanzarse en dirección a la plenitud de la vida, del ser, de la verdad, en una palabra, de la realidad, confiado en que Dios nos acogerá, del mismo modo que un niño se lanza a los brazos de su padre sin la menor sombra de duda. Es un ir a un Dios que viene, en un encuentro que trae plenitud.

Si la luz de la inteligencia no es otra luz que la luz misma de la realidad, la verdadera vida del hombre no puede ser outra que la Vida divina. De ahí que, en todas las rutas y actitudes descritas por Zubiri, cabe una bifurcación: de un lado está el sendero de la vida, de la conversión, del amor a la Realidad Absolutamente Absoluta que nos va haciendo absolutos en Ella; de otro, está el sendero de la destrucción personal, de la impiedad, de la aniquilación, por un cierre en si mismo que no reconoce, ni implícitamente, lo relativo que somos –nuestra “creaturalidad”, en última instancia.

El hombre es “experiencia de Dios” y Dios “experiencia del hombre”. Lo que hay de común en esta experiencia es la absolutidad, es el Espíritu de Dios que habita em el espíritu del hombre justo, aquél que responde a la llamada de Dios y que se refugia em Él.


Aunque Zubiri considere que la inquietud de la fórmula de Agustín –“irrequietum cor nostrum, Domine, donec requiescat in te”– no sea la verdad más radical acerca de la inquietud constitutiva del hombre –que es la inquietud por ser simpliciter y no por ser feliz–, pienso que se puede decir que la fórmula del Doctor de Hipona, más que ser una de las formas en que se presente la inquietud, indica la resolución de la inquietud. El hombre religioso, que verdaderamente ha encontrado a Dios, ya no está más inquieto; ninguna incertidumbre lo convulsiona ya, aún en su estado de viador.


Inteligência e contemplação

Considerações finais do meu "trabajo de investigación" (exame de qualificação no doutorado, apresentado no segundo semestre de 2007; no original espanhol)

Nota prévia: inseri colchetes explicativos onde aparecem termos técnicos zubirianos (meu doutorado foi uma investigação feita a partir da filosofia de Xavier Zubiri [1898-1983])

El punto de partida para saber el sentido de la vida humana, desde una inteligencia sentiente [para Zubiri, o inteligir e o sentir são, na pessoa humana, duas potências de uma única faculdade], no es la “búsqueda de la verdad” en el sentido de que el hombre estaría “separado” de las cosas y de los demás, sino que es la “presencia de la verdad real”; no es “vivir según la razón”, que es sólo una modulación de la inteligencia, sino “vivir según la verdad real”. En otras palabras, vivir según el presente o donación que la realidad hace de si misma, y que ya es, por y en la co-actualidad [de inteligência e realidade], respuesta grata de la persona, que nada hizo por merecer la donación de la realidad. El ser persona es ser “ya”, desde siempre, “respuesta de gratitud” a la realidad. Es ser “compenetrado” por lo real cósmico y por las demás suidades [para Zubiri, a pessoa é “suidad”, realidade formalmente “sua”]. Es recibir, sin merecer, “todo”, y es no poder no agradecer. El sentido de la vida humana es la gratitud, es el ya empezar “agraciado” y “agradecido”, para sólo después preguntarse “¿donde viene eso?”, con la respuesta anticipada: “desde luego, soy grato, no merezco, y amo a quien sea el Fundamento de todo eso, y me gustaría conocerlo, si posible, pues todo me lo ha dado; sé que lo dado no es mio, es un 'de suyo' [para Zubiri, o “de suyo” é o caráter transcendental de todo conteúdo percebido, que é “de si mesmo”, e não do perceber humano, já no interior da sensação, ficando aberto o que possa ser fora: por exemplo, fótons no caso da luz], que se apodera de mí y me invita a desvendarlo amándole y buscando más y más a sus contenidos y a su Fundamento”.

La contemplación es la capacidad de pararse en la aprehensión primordial [primeira intelecção, que se dá no próprio sentir, que apreende um conteúdo que é “de suyo”, ainda não determinado essencialmente] sin preguntarse por el ser [o “ser” zubiriano é o desdobramento temporal heideggeriano -da realidade e não de um "nada" fundamental-, e não o “ato de ser” tomasiano, que corresponde ao “de suyo”] de la realidad, sin preguntarse por lo real [a coisa real, o conteúdo ou essência reificada pelo "de suyo" ou "ato de ser"], por la esencia individual, para entonces pasar, directamente, de la aprehensión a la fruición del sentimiento afectante [como a inteligência inclui os sentidos, o sentimento espiritual inclui os afetos], porque hemos reconocido que hay, en todo lo real, un “más” a contemplar –que muy dificilmente es visto en nuestras sensaciones y percepciones ordinarias, porque en principio se nos impone obligando a afirmarlo como esto o aquello, en virtud de nuestras necesidades vitales– y a la posesión del bien que es lo real. “Conocer racionalmente” no puede ser ni la esencia de la intelección, porque este conocimiento se monta en la aprehensión primordial, ni el sentido de la vida humana, porque incluso el fin del conocimiento es la nueva unidad del entendimiento con la verdad racional, en la fruición de esta pose más plena de aquello que se tenía de modo incoado. La unidad amorosa entre conocedor y conocimiento y no el “uso” del conocimiento para la vida, es el fin implicado por la intelección sentiente. De ahí, que la persona relativamente absoluta [a pessoa, ao ser “sua”, é “absoluta”, ao ser sua “frente” às demais pessoas e ao real cósmico, é “relativamente” absoluta], profundizando en la verdad real que siempre tiene, llega más y más a auto-poseerse en una “línea”, como le gusta a Zubiri decir, en que ya está desde siempre. Desde el inicio hasta el final hay una seguridad íntima de llegar al Fundamento de todo, que entonces me hará ser absolutamente absoluto, cuando esté poseyendo a Dios y poseído por Él. No se trata de un ir de aqui a allí buscando lo que pueda saciarme, sino de estar constantemente saciándome de las gotas de verdad que en su infinita sabiduría Dios preparó para mí, en una línea que lleva hacia Él.

El gozo estético proporcionado por una obra de arte o por la vista de un paisaje bello, en el cual nos paramos sin preguntarnos por sus partes, sino maravillados, y sin la menor duda de que eso es real, y queriendo lo real por ser real, me parece una prueba incontestable de la aprehensión primordial de realidad de la cual habla Zubiri. La contemplación no es nada más que la capacidad de percibir el poder de lo real [a realidade, o “de suyo”, é um “poder” que domina e funda a vida humana através das coisas e pessoas reais entre e com as quais vivemos] sin necesidad de intelección dual [conceituações e afirmações] y con unas inmediatas fruición y apropiación volitiva sin actividad, que viene como un regalo, sin esfuerzo. Se trata de la máxima actualidad intransitiva, en la cual nos embebemos de la realidad en su poder que trasciende en cada cosa real. Hay plena unidad del espíritu, es decir, plena atención de la intelección primordial, voluntad integra toda aplicada y, en consecuencia, sentimiento estético puro, que constituye la bienaventuranza “natural” del hombre, un breve instante de éxtasis que le pone en comunión con toda la realidad creada –no directamente con el Fundamento– para salir, después de estos momentos en que no se puede quedar mucho, donándose a las personas y a la realidad de los vivientes y del cosmos.

En la mística cristiana, Dios corona este esfuerzo donando la visión beatífica al santo por breves instantes; el místico cristiano se ve a si mismo, a su personeidad ya plenamente poseída en Dios –y no solo a su plena comunión con el poder creado de lo real–, es decir, se ve en el cielo (y ahí ve todas las bellezas de la creación de Dios de una sola vez). El religioso oriental, profundo metafísico conocedor de la aprehensión primordial inefable, se entrena para vivir en este estado de pasividad, pero con dos riesgos co-implicados: el de dejar de reconocer la realidad propia de las cosas, que se convierten en “irreales”, y el de dejar de reconocer la realidad propia, pues cesa la experiencia de “Yoidad” [como Zubiri chama o Ego], una vez que no hay, en algunos breves instantes, necesidad de realización, de volver al tiempo, pues la persona y el plenário poder de lo real –no el poder de ésta o de aquella cosa– se hacen una sola realidad.

Urge encontrar la inteligencia sentiente en la contemporaneidad, porque el solipsismo radical de la Razón moderna alejó a sus intérpretes de la realidad, generando las respuestas teórico-prácticas más absurdas de la historia de la humanidad, que por odio al engaño de la razón concipiente [compreensão moderna da inteligência, enquanto faculdade de conceber as ideias e, por elas, o real] pasaran a someter la inteligencia de las cosas a la vonuntad de poder, a través de sistemas irracionales y odiosos que a todo quisieran abarcar y/o destruir, reinventando la realidad sin los ojos puestos en ella, y sin respectar al outro, y que tuvieran como reacción una nueva “síntesis” caracterizada por aquello que el Papa Benedicto XVI llamó la “dictadura del relativismo”, un individualismo impersonal y despersonalizante, que en nombre de una libertad desarraigada de la verdad y de la moralidad, niega la dignidad de los seres más indefensos y débiles, con la universalización de la práctica más horrenda que el diablo podría sugerir a los seres humanos, la del aborto, la negación de la humanidad del cuerpo, por odio a la matéria que la “conciencia sustantivada” y solipsista no consigue penetrar para reconocer su suidad.

Hay que percibir que los no-nacidos, los pobres, los débiles, los indefensos, que aparentemente tienen “menos” para darnos, son, en realidad, los más “ricos”; en su parca “talidad” [conteúdo real; vem de “tal” realidade] refulge el poder de lo real invitándonos a ser más, a donarmos más, a preocuparnos más, haciendo efectivamente lo que esté a nuestro alcance para que estos reciban de nosotros, ya sea talidades que colmen sus necesidades ya sea la entrega de nuestras mismas suidades, porque estas personas nos han dado lo mejor, que es el poder de lo real clamando por el reconocimiento del rostro de Dios en ellos.




7.3.16

3 Sonetos de Amor



Soneto para Fernanda

Encanta o coração tua ternura,
e traz tranqüilidade e alegria,
qu’eu até mesmo espero pelos dias
em que vens nos trazer tua doçura.

O teu olhar profundo me acalma,
revela uma procura incessante
do amor de nosso Deus, fiel amante,
que fez em Seu amor tão bela alma.

Eu pouco te conheço, mas bastante
pra que possa dizer-te admirável,
tão meiga, tão singela, tão amável...

Tua alegria é contagiante
-quando assim o permites. Que tu sejas
fiel ao que o Senhor pra ti deseja!


Presença tão querida

Como não alegrar-me imensamente
pela tua presença tão querida
que engrandece e impulsiona minha vida
a viver o amor mais plenamente!

A buscar com ardor o Deus da Vida
e elevar-lhe um louvor tão efusivo,
pois que agora alegre é como eu vivo
pela tua presença tão querida!

Presença alentadora que me encanta
e que faz emergir meu eu profundo
e um anseio de amar a todo o mundo!

Que eu possa ajudar-te a ser mais santa,
respondendo ao amor que em minha vida,
gerou tua presença tão querida!


Teu sorriso radiante

Ao ver o teu sorriso radiante,
difícil foi, então, me concentrar,
pois como poderia, eu, desviar,
meus olhos deste tão belo semblante!

É meu dever olhar e venerar
o dom que és, Amor, em minha vida!
E assim por mim jamais será esquecida
a graça que Deus fica a derramar!

És bela e teu sorriso é uma fonte
de paz e de alegria para mim!
Que possa eu viver sempre assim:

teu rosto a indicar-me o horizonte
do Amor que dá sentido às nossas vidas,
e faz-te preciosa e tão Querida!

1.3.16

Sonetos filosóficos


Escola de Mileto (Tales, Anaximandro e Anaxímenes)

O mundo é, desde sempre, “natureza”,
“princípio” de onde emerge o real,
o qual, permanecendo sempre igual,
produz as coisas, múltipla riqueza.

A “água”, fonte última da vida,
em Tales é o princípio procurado;
e, para Anaximandro, o “ilimitado”,
produz o ser, repara a injustiça:

o mundo nasce de uma divisão,
e predomina o individual,
mas volta-se à justiça original.

O “ar”, que é, da alma, a condição,
segundo Anaxímenes, também
abarca o universo e o mantém.


Pitagóricos

Não é na solidão, mas como escola
fraterna, que o saber se alimenta;
contrário a uma vida barulhenta,
imerso no segredo, ele consola.

O número é o princípio do real,
em tudo há uma regularidade
de cunho matemático: a verdade
do ser não se limita ao corporal.

A culpa original é expiada,
liberta a alma por metempsicose,
purificada a vida pela gnose

e pela vida reta e consagrada
à divindade. Não comprar, correr,
mas contemplar é o vosso viver.


Parmênides

Não é um elemento o que se busca,
mas o caráter próprio do real,
não “este” ou “aquele”, afinal,
e sim o “ser” que o múltiplo ofusca.

A via opinativa vê o vário
e via impraticável é a do não-ser.
Somente é verdadeiro o entender
que apenas há o Ente, sem contrário.

Contrária aos sentidos é a Mente,
pois vê, além das coisas, a Unidade,
e, do devir, a Imobilidade,

a Eterna Macicez própria do Ente.
Dois mundos são então constituídos,
a mente e os sentidos são cindidos...


Heráclito

Se para o homem grego é o movimento
que é, do pensamento, o horizonte
–que é que permanece, quem responde?–
tu foste quem fizeste dele o centro,

de forma oracular e enigmática.
No mundo, tudo muda o tempo todo,
devir que é governado pelo “fogo”.
Se “tudo é um”, porém, seria estática

a verdadeira face deste mundo?
Se este é “comum” para os “despertos”,
se a “coisa sábia” é “uma só”, decerto,

será que o sentido mais profundo
que teu pensar obscuro nos relata
de fato se opõe ao do Eleata?


Físicos pluralistas (Empédocles, Anaxágoras e Demócrito)

A terra, a água, o fogo e o ar:
raízes são os quatro elementos;
Empédocles, poeta de Agrigento,
o ente, veio, então, multiplicar;

o ódio a separar e o amor
unindo entre si os diferentes.
Divide, Anaxágoras, o ente,
em infinitas partes a compor

as coisas: eis as “homeomerias”,
que são,em várias“formas”, agrupadas,
e pela “Inteligência”, ordenadas.

Demócrito foi, na filosofia,
o pai do atomismo sensualista,
fundando a visão materialista.


Sócrates        

Virtude, para ti, é a ciência,
e o vício, ignorância, significa.
Não há culpa moral, pois não se aplica
a tese, que é cristã, da incoerência.

Feliz é quem a alma se dirige
à ordem da virtude. Nele o mal
não pode ter lugar. Tens um sinal,
o dáimon que te impede o que inflige.

Tu sabes que não sabes, pois divina,
só ela, é a ciência verdadeira.
Dialogar com a alma, eis a primeira

missão que o filósofo ensina.
Irônico, nos levas à humildade,
e eduzes de nossa alma a verdade.


Platão

O uno e o múltiplo esclareces,                      
descortinando um mundo de essências,
o verdadeiro ser das aparências,
que a alma, neste mundo aquém, esquece.

Ao perceber as coisas perecíveis,
o homem se recorda das Ideias,
e assim desemaranha-se da teia
dos entes rumo às Formas invisíveis.

À alma consideras tripartida:
razão, afeto, impulsos corporais,
regidos por virtudes cardeais,

que trazem harmonia à própria vida.
Justiça no indivíduo, sem a qual
não há aquela dita social.


Aristóteles

Filósofo tu és, por excelência,
amigo do saber da Divindade.
Em quatro causas buscas a verdade,
e encontras, entre as coisas, as essências.

O ser que existe em si é a ousia,
substantia, foi vertida em latim,
matéria e forma unidas com um fim,
do ser, a campeã da analogia.

O homem, animal que tem razão,
por ela encontrará felicidade:
saber, a principal atividade,

que não despreza a vida em comunhão.
Caminho rumo a tal é a virtude,
mediania para a plenitude.


Helenismo (Estoicismo e Epicurismo)

Num mundo em que o cosmopolitismo
ruiu a base cômoda da pólis,
buscar uma moral que nos console
explica o labor do Helenismo.

A lógica, a física, a moral,
o novo esquema do filosofar:
que é o mundo? Como bem pensar?,
a fim de ser feliz, fugir ao mal.

No Pórtico, viver sob a Razão
que rege o universo é autarquia,
por nada abalada: apatia;

e para o Jardim, sem sensação
na morte, não há nada a temer,
e é feliz quem vive o bom prazer.


Plotino

Do Uno, o mundo, por “emanação”,
saiu em graus diversos refletindo
a origem do seu próprio ser divino
– bem próximo chegaste à “criação”.

Primeiro o Noûs, o mundo das ideias,
depois a “Alma”, que é o seu reflexo,
por fim, vem a matéria, o ser complexo,
que é de nossas almas a cadeia,

da qual nós precisamos nos livrar
voltando ao Uno, nossa identidade,
eliminando em nós a alteridade,

na mística união a contemplar.
O exitus-reditus que ensinas
seria, logo após, cristã doutrina.

  
Agostinho

Confessas teu pecado e teu louvor
a Deus, que, a inquietude, nos acalma,
o íntimo habitante de nossa alma;
filósofo é quem tem por Ele amor!

O Deus, em que as ideias de Platão
habitam; sendo elas nossa luz,
mostrando a verdade que conduz
ao Criador das coisas, à Razão.

Memória, inteligência e vontade,
imagem que há em nós das Três Pessoas:
o Pai, o Verbo, o Amor. Em nós ressoa,

qual voz que nos convida à caridade,
motor que, oculto, faz a humana história,
na luta pelo bem até a glória.


Anselmo

Não partes do conceito, mas do dado
do Deus que é revelado na Escritura:
mais alto ser da mais sublime altura,
que pelo néscio ateu é bem pensado.

Se o Deus que para o néscio é negativo,
se encontra, ao ser pensado, em sua mente,
forçoso é que exista realmente,
pois é maior que a ideia o efetivo!

Assim, se Deus é o maior pensável,
sem dúvida existe, é necessário,
nem mesmo é razoável o contrário!

Se alguém, porém, não crê, é escusável,
contudo, os bens sensíveis são cimento
do qual se chega ao Bem do argumento.

  
Árabes (Avicena e Averróis)

Tu, médico tão sábio, nos informas
aquilo que primeiro é cognoscível:
o ser: ser necessário e ser possível;
a este conhecemos como norma,

mas é acidental sua existência,
com isso o Necessário se infere,
que necessariamente cria a série
do mundo, através de Inteligências.

A última é o Intelecto dito Agente,
o qual seria o mesmo em todos nós.
Da mesma opinião é Averróis,

o qual diz que há modos diferentes
de ler o Alcorão, mas Maomé
teria unido a razão e a fé.


Judeus (IbnGabirol e Maimônides)

Seria universal o hilemorfismo?
Avicebron assim o defendia.
Um corpo de outro se distinguiria
porque nas formas há um pluralismo.  

Princípio criador é a Vontade,
à qual de forma em forma, nós subimos.
Se na ciência já nos instruímos,
e a ela vemos longe da verdade

contida na Escritura, então Moisés
virá nos socorrer e nos mostrar
que aquilo que parece, pois, negar

artigos que expressam nossa fé,
não tem senão provável a razão,
a certa estando na Revelação.

  
Tomás de Aquino

Formosa catedral tu edificas
com pedras dos saberes dos antigos;
em ti toda verdade encontra abrigo,
e com o teu labor fica mais rica.

A fé e a razão em ti unidas,
predicam a que é uma só Verdade;
com pés fincados na realidade,
percorres cinco vias rumo à Vida.

Descobres, mais profundo que a essência,
o ser, ato mais íntimo do ente,
que além de algo preciso é existente.

Do Incriado Ser, maior ciência,
que a tua, ó Angélico, não temos,
perene inspiração, Doutor supremo!


Boaventura

Se o mundo, para Deus, é uma estrada,
pecar é o que à terra nos remete.
A graça para o Alto nos converte,
faz ver a criação assemelhada

ao Criador: o mundo é seu vestígio,
a sua imagem n’alma está presente,
e é prova de que Ele é existente!
Se o Ato Puro ocupa o fastígio,

os outros entes todos têm matéria
– possível que recebe o seu ato–,
e mesmo o espírito criado!

Princípio do indivíduo, então, seria,
da forma e da matéria, a união;
seria a morte, já, ressurreição.
  

Duns Escoto

Diferes o objeto filosófico
daquele próprio à Teologia:
a Deus enquanto tal esta vigia,
e a outra vê o problema ontológico.

O “ser” abstrato, indeterminado,
– e não o ipsum esse– é na verdade,
conceito que, por univocidade,
a tudo “o que é” é aplicado.

Não é forma vazia, mas riqueza
real. Divide-se em modalidades:
finito e infinito (a Divindade).

Deus livre realiza sua empresa:
essências feitas de “formalidades”,
determinadas pela “hecceidade”.


Ockham

Real e verdadeiro garantidos
só há na intuição que é sensível,
que o fato evidencia. Deduzível
só é aquele agente percebido.

O único real é o indivíduo,
que não é determinação da essência
–confusa concepção da existência,
não algo que, por Deus, foi concebido.

De Deus, a unicidade, é só provável,
a alma imortal não conhecemos.
Nem mesmo a lei moral apreendemos:

se Deus mandasse o ora condenável,
seria meritório o cumprimento.
Ser livre é mais que ter conhecimento...


Eckhart

Na sarça, ao dizer “eu sou quem sou”,
Deus brinca como se Se escondesse;
a Ele não compete, pois, o esse,
além do ser, Se encontra Quem criou.

Mas alto que o Ser é o Inteligir,
e nele é que repousa a Unidade;
se Deus, porém, é ser, é nulidade
a criatura, que é nada por si.

Na alma, além de suas faculdades,
habita uma centelha, que é divina.
Se o homem para ela se inclina,

com Deus se faz a mística unidade.
Além dos seres e do que a limita,
encontra, a alma, Deus, que a habita.


Nicolau de Cusa

Se Deus é infinito,são finitos
o homem e o mundo. O Redentor
uniu o que estava a se opor.
Conhecem por primeiro os sentidos,

imagens, fornecendo; a razão,
a estas, compreende em abstrato;
por fim o intelecto é levado,
com a graça, a uma nova dimensão:

a Deus, o infinito que ignoro.
Feliz é quem percebe tal distância,
e compartilha a douta ignorância!

É Deus a coincidentia oppositorum!
O Deus em que residem exemplares
das coisas, que em nós são similares.


Renascimento e Política (Maquiavel e Tomás More)

Não mais pela moral será guiada
a prática política real.
Se o homem tende a ser, de fato, mau,
“virtude” é a astúcia planejada.

Não mais o bem comum, mas conservar
poder se torna o fim do governante
–que agora não tem mais o freio de antes–,
Maquiavel a Polis vem turvar.

Tomás, por outro lado, na Utopia,
buscava o Estado ideal:
ausente a propriedade, ausente o mal,

assim, o corajoso mártir via.
De fato, a sociedade desejada,
no Céu será, enfim, realizada.


Descartes

Na época em que impera o ceticismo,
envolto, tu estás, por incertezas;
encontras, em tua mente, a firmeza
buscada, inaugurando o idealismo.

Sentidos não se prestam a mostrar
a verdadeira face do real,
e, poderia mesmo, um “Gênio Mau”,
usar boas razões para enganar.

De uma coisa só não se duvida:
que o ser duvidador, pois, pensa, existe!
O cético inimigo não resiste!

Do mundo, agora, a mens está cindida,
mas nela encontra a ideia do Perfeito,
de Deus, que não engana, pois, efeito.


Espinosa

Buscando a racional necessidade,
no mundo dos conceitos, instalado,
defines o ainda não achado,
e fazes, das noções, realidade.

“Substância” é o conceito que se basta,
e tal só cabe à totalidade:
o Deus, “Causa de Si”, que é, na verdade,
a própria natureza. Iconoclasta,

eriges teu sistema panteísta,
no qual as várias coisas são os modos
da Única Substância. Move o todo,

a necessária lei determinista;
ser livre é sabê-lo, e assim te invade
o amor do intelecto à Divindade!


Leibniz

Atento às lições do Estagirita,
no mundo, encontras a pluralidade:
as mônadas, substâncias, unidades,
com todas as mudanças já inscritas.

As mônadas, fechadas, sem janelas,
por Deus são previamente harmonizadas.
Verdades de razão são as fundadas
na não-contradição e há aquelas

de fato, onde importa a experiência
(as últimas, nas mônadas, contidas,
no fundo, às de razão, são reduzidas).

O Deus, cuja bondade e onipotência
defendes firmemente, é o Criador
do mundo que entre os mundos é o melhor!


Empirismo I (Bacon, Hobbes)

Estão no mesmo plano a mão e a mente,
na lógica que Bacon inaugura;
na nova via, que é mais segura,
o pensador agora faz e entende.

Dos ídolos que dão falsas certezas,
devemos desfazer-nos. E passar
ao método indutivo que nos dá
a chave para abrir a natureza.

Se o homem é um lobo para o homem,
e a natureza, estado é de guerra,
a paz só pôde vir a esta terra

por meio de um Estado que consome
a tudo em seu furor absolutista.
Vê bem, Hobbes, se isso é uma conquista...


Empirismo II (Locke, Berkeley, Hume)

Não é, pois, a razão, que evidencia
aquilo que se pode conhecer,
mas só as sensações e o perceber
interno, que as primeiras, associa.

Na mente, então vazia, são efeitos,
ideias. E são duas qualidades
sentidas: as que têm sua verdade
nos corpos e as que surgem no sujeito.

Assim, em Locke o mundo externo existe;
o Bispo diz “ser é ser percebido”,
real é só o eu que é intuído;

e em Hume o próprio eu já não resiste,
mas é somente palco de impressões:
sujeitos são, de ideias, coleções.


Adam Smith

Qual é a natureza da riqueza?
Que causa, nas nações, prosperidade?
A busca egoísta da vantagem,
gerando uma social grandeza

de modo indireto; a economia,
guiada pela “mão que não se vê”,
assim termina por abastecer
a todos, dando ensejo à harmonia.

Riqueza é o produto do trabalho
que, bens materiais, pode criar;
mas dela, pois, quem usufruirá?

O que produz? Aqui há algo falho...
Terminarei agora o meu soneto:
ó capital, devora$ meu ter...  >o)


Kant

“Desperta, pois, do sonho que pretende,
das coisas, vislumbrar o próprio ser,
pois é somente o seu aparecer
que o conhecer humano vê, entende!”

A alma humana e Deus, seu fundamento,
não sendo intuídos, estão fora
daquilo que é Ciência, muito embora,
na prática razão têm seu assento.

O proceder correto é respeitar
o mandamento incondicional:
do teu agir, faz lei universal.

O belo agrada sem interessar,
de modo universal e sem conceito.
Ó céu, ó Lei, ó drama do Sujeito!


Fichte

Incondicionalmente, a pessoa
moral ou o “eu puro” se assenta:
tal kantiano achado fundamenta,
de Fichte, o pensamento, o qual incoa

no Eu que a si se põe e ao fazê-lo
também põe o “não-eu” com que se enfrenta.
Assim, tudo resulta e se sustenta
no ato que é do Eu. Novo modelo

idealista agora se inaugura.
O que é o “não-eu”, o Eu, limita,
e este contra aquele se afirma,

fazendo-se: atividade pura.
E o que envolve a ambos, a Unidade,
é o Absoluto, “luz”, Razão, Deidade.


Schelling

De ti, quatro sistemas eu escuto:
a natureza vês, primeiramente,
qual lento despertar do inteligente,
e, na base de ambos, o Absoluto.

Após vem teu esquema panteísta,
no qual se expressa a identidade
de natureza e espiritualidade,
que apenas a intuição conquista.

Depois, à identidade renuncias,
e evolução vês na realidade,
até chegar à nossa liberdade.

Por fim, bem perto da ortodoxia
religiosa, torna-te teísta,
contrário ao panteísmo idealista.


Hegel

Não pode intuir, a mente humana,
imediatamente o Absoluto,
mas o trabalho deste gênio arguto
revela como tudo dele emana.

Do Espírito, a Fenomenologia,
desvela o caminho ascensional,
por qual a Consciência, afinal,
regressa a si: eis a Sabedoria!

Conhece a si primeiro pela Arte,
intuição sensível da verdade;
e na Religião, a intimidade,

no Espírito agora toma parte;
mas a Filosofia, o conceito,
faz Um do objeto e do sujeito.


Feuerbach

Proclamas, contra Hegel, o sensismo:
real é o intuído nos sentidos,
não há que ir além do percebido.
És prógono audaz do ateísmo,

buscando revelar do Cristianismo
o que seria sua interna essência:
do homem, a infinita consciência,
se faz divina: antropomorfismo.

O Deus religioso é o próprio ser
do homem sem, do indivíduo, as raias,        
um ser que se aliena e assim se espraia!

Cristãos mistérios querem nos dizer
verdades de profunda humanidade:
o amor, a comunhão, a piedade...


Marx

Define-se o homem no ativismo,
mas seu trabalho, no capitalismo,
perdeu todo afã, todo lirismo,
somente a luta vence tal abismo.
Histórico é teu materialismo,
e é, ele, puro economicismo.
Inverso, pois, está o hegelianismo:
a história, ideias, gera. Imanentismo.
Revelas o real antagonismo:
o proletário vence o burguesismo:
é revolucionário o socialismo,
e ruma em direção ao comunismo
–o homem se dilui, coletivismo–;
o meio: a treva!, o totalitarismo.


Schopenhauer

O mundo é minha representação,
só é em dependência do sujeito
– assumes, do Vedanta, o preceito–,
existe só na sua percepção.

Tal mundo é o que aparece e não essência,
mas não estamos presos à ilusão:
o corpo e seu desejo, pois, nos dão
a irracional vontade na latência.

Essência é a vontade insaciável,
que quando satisfeita traz o tédio,
até novo tender. Qual o remédio?

Na arte, há liberdade, mas instável;
justiça e compaixão, via que passa;
só mesmo a ascese encontra a graça.

  
Kierkegaard

Real é o indivíduo existente,
que vence o imanentismo e o panteísmo;
que a Deus encontra, pois, no cristianismo:
a vida só é grave para o crente.

Ninguém me substitui perante Cristo,
mas muitos “como os outros” querem ser,
alheios a Jesus buscam viver,
mas nEle é que, autêntico, existo.

Sou livre e a vida é possibilidade,
e a angústia é o sentimento que domina,
angústia que assim é minha sina.

Reconhecer que na profundidade
estou nas mãos de Deus, contra o assédio
do desespero, assim, é o remédio.


Comte

Percorre a Humanidade três estágios:
primeiro, o teológico: o real
se explica pelo sobrenatural;
depois, do metafísico o apanágio

é explicar por meio de essências;
por fim, vem o estágio positivo,
ficando, então, de lado, os motivos,
em prol dos raciocínios da Ciência.

Só ela é capaz de nos trazer
controle sobre o que é natural,
domínio sobre a vida social,

enfim, nossos problemas resolver.
Transcende o indivíduo, a Humanidade,
e é ela a verdadeira divindade.

  
Nietzsche

De um lado Dionísio, de outro, Apolo,
instintos e razão em harmonia,
a vida plena, sem dicotomia,
o mundo “aquém”, só ele, é nosso solo.

Num tempo infindo as forças limitadas
combinam-se em seu retorno eterno.
Vontade irracional, em teu governo,
ao super-homem, toda devotada!

Os débeis ressentidos contra os nobres
teriam transmutado o que é o bem:
não mais a altivez do que é “alguém”;

virtude é nada ser, o bom é o pobre...
Mais grave erro, nunca antes visto
é tua concepção de quem é Cristo...


Wittgenstein

Exprimes, da Linguagem, duas vias:
há uma ontologia no Tratactus:
divide-se o real em vários fatos,
compostos do que não se dissocia.

Aos fatos damos voz, representamos:
proposições complexas são partidas
em outras que já não são divididas.
Conjunto do saber é o que falamos.

Filosofar: elucidar o dito,
mas há, mais que o empírico, o inefável:
o místico, o que não é sondável.

Nas Investigações um desmentido:
Linguagem não é só denominar,
sentido é o uso. A jogar!

  
Husserl

O homem não conhece tão somente
as regras do seu próprio pensamento,
mas, nele, se opera o atingimento
do objeto e de leis independentes.

Estuda a fenomenologia
vivências que são, pois, “intencionais”,
voltadas a objetos ideais,
essências que a mente intuiria. 

Forçoso é suspender a conjectura
acerca do existir do que é mentado,
bem como do autor do vivenciado,

restando a consciência dita pura;
só falta elevar-se, da vivência,
à pura intuição de sua essência.


Scheler

É norma a priori, universal,
que move nosso ético agir;
valores são matéria a descobrir,
a prática não vem da lei formal.

Captamos os valores ordenados,
por uma intuição emocional,
–a qual também é espiritual–,
em tipos ou modelos encarnados.

É centro de intencionalidade,
o homem, indivíduo concreto;
não é atado ao mundo, mas aberto,

que amando vê, dos outros, a verdade.
E se existe algo é porque
também existe o absoluto Ser.

  
Heidegger

O “mais universal e evidente”,
o “ser”, carece ainda de sentido,
e é questão caída no olvido,
que há de ser buscada, assim, no ente

humano, que, no ser, se orienta;
que não é um objeto simplesmente,
mas “Ser-Aí”, a quem estão presentes
as coisas, e que escolhe sua senda.

O homem é projeto, é “ser-no-mundo”,
aberto, ele não é algo “solto”,
vê sempre os demais, “ser-com-os-outros”,

cuidando, escolhendo... Lá no fundo
de todas as escolhas, late a morte,
mostrando-nos o nada como norte...


Sartre

É sempre de outro algo, a consciência,
do “ser-em-si” que nela não habita.
E ela nada é, pura existência,
um “para-si” que se possibilita.

Por tudo o que faz, é responsável,
não há necessidade inevitável
–má-fé seria agir como se houvesse–,
mas liberdade sem alguma espécie.

O outro, a consciência, me invade,
presença que a objeto me reduz,
que leva a negar-lhe a liberdade:

“o inferno são os outros”, dizes. Mas
a minha liberdade se conduz
com outras e nas condições reais.

  
Gadamer

O intérprete ao objeto deve estar
submisso, superando confusões
que brotam de si, quais limitações,
que o texto podem obstaculizar.

O texto e a pré-compreensão
se encontram e se esboça um sentido,
que poderá ser, pois, substituído:
constante é a reelaboração.

Do texto, a história dos efeitos
importa para seu significado:
difícil ler o que não tem passado!

A tradição também tem seus direitos,
não é incompatível com a razão,
também é livre a conservação.


Adorno e Horkheimer

Não pode o pensamento apreender
o todo do real. Desmascarar
a falsa identidade do pensar
e do real, e assim poder trazer

à tona o diferente e reprimido.
Lutar contra a razão instrumental,
que do sistema é mera serviçal,
e esmaga e aliena o indivíduo.

A indústria cultural, seu instrumento,
impõe os seus valores e modelos,
e assim nos  aprisiona em seus elos,

mediocrizando o comportamento,
com seu divertimento desprezível,
tornando cada um substituível.


Zubiri

Filósofo pujante do presente,
na solidão sonora e profunda,
de teses realistas tão rotundas,
com tua inteligência senciente.

O nous e os sentidos vão unidos,
imersos no real todos estamos.
Se ideias concebemos e buscamos
razões, é porque somos compelidos

por força do real que nos religa,
e apoia nossa liberdade “em”,
que move a buscar, do visto, além,

aquele Fundamento que abriga,
que é doador de possibilidades,
fundante, radical ultimidade.



"Escola de Atenas" (1509), de Rafael Sanzio