Considerações finais do meu "trabajo de investigación" (exame de qualificação no doutorado, apresentado no segundo semestre de 2007; no original espanhol)
Nota prévia: inseri colchetes explicativos onde aparecem termos técnicos zubirianos (meu doutorado foi uma investigação feita a partir da filosofia de Xavier Zubiri [1898-1983])
El punto de partida
para saber el sentido de la vida humana, desde una inteligencia sentiente [para
Zubiri, o inteligir e o sentir são, na pessoa humana, duas potências de uma
única faculdade], no es la “búsqueda de la verdad” en el sentido de que el
hombre estaría “separado” de las cosas y de los demás, sino que es la
“presencia de la verdad real”; no es “vivir según la razón”, que es sólo una
modulación de la inteligencia, sino “vivir según la verdad real”. En otras
palabras, vivir según el presente o donación que la realidad hace de si misma,
y que ya es, por y en la co-actualidad [de inteligência e realidade], respuesta
grata de la persona, que nada hizo por merecer la donación de la realidad. El
ser persona es ser “ya”, desde siempre, “respuesta de gratitud” a la realidad.
Es ser “compenetrado” por lo real cósmico y por las demás suidades [para
Zubiri, a pessoa é “suidad”, realidade formalmente “sua”]. Es recibir, sin
merecer, “todo”, y es no poder no agradecer. El sentido de la vida humana es la
gratitud, es el ya empezar “agraciado” y “agradecido”, para sólo después
preguntarse “¿donde viene eso?”, con la respuesta anticipada: “desde luego, soy
grato, no merezco, y amo a quien sea el Fundamento de todo eso, y me gustaría
conocerlo, si posible, pues todo me lo ha dado; sé que lo dado no es mio, es un
'de suyo' [para Zubiri, o “de suyo” é o caráter transcendental de todo conteúdo
percebido, que é “de si mesmo”, e não do perceber humano, já no interior da
sensação, ficando aberto o que possa ser fora: por exemplo, fótons no caso da
luz], que se apodera de mí y me invita a desvendarlo amándole y buscando más y
más a sus contenidos y a su Fundamento”.
La contemplación es
la capacidad de pararse en la aprehensión primordial [primeira intelecção, que
se dá no próprio sentir, que apreende um conteúdo que é “de suyo”, ainda não
determinado essencialmente] sin preguntarse por el ser [o “ser” zubiriano é o
desdobramento temporal heideggeriano -da realidade e não de um "nada"
fundamental-, e não o “ato de ser” tomasiano, que corresponde ao “de suyo”] de
la realidad, sin preguntarse por lo real [a coisa real, o conteúdo ou essência
reificada pelo "de suyo" ou "ato de ser"], por la esencia
individual, para entonces pasar, directamente, de la aprehensión a la fruición
del sentimiento afectante [como a inteligência inclui os sentidos, o sentimento espiritual inclui os afetos], porque hemos reconocido que hay, en todo lo real, un
“más” a contemplar –que muy dificilmente es visto en nuestras sensaciones y
percepciones ordinarias, porque en principio se nos impone obligando a
afirmarlo como esto o aquello, en virtud de nuestras necesidades vitales– y a
la posesión del bien que es lo real. “Conocer racionalmente” no puede ser ni la
esencia de la intelección, porque este conocimiento se monta en la aprehensión
primordial, ni el sentido de la vida humana, porque incluso el fin del
conocimiento es la nueva unidad del entendimiento con la verdad racional, en la
fruición de esta pose más plena de aquello que se tenía de modo incoado. La
unidad amorosa entre conocedor y conocimiento y no el “uso” del
conocimiento para la vida, es el fin implicado por la intelección sentiente. De
ahí, que la persona relativamente absoluta [a pessoa, ao ser “sua”, é
“absoluta”, ao ser sua “frente” às demais pessoas e ao real cósmico, é
“relativamente” absoluta], profundizando en la verdad real que siempre tiene,
llega más y más a auto-poseerse en una “línea”, como le gusta a Zubiri decir,
en que ya está desde siempre. Desde el inicio hasta el final hay una seguridad
íntima de llegar al Fundamento de todo, que entonces me hará ser absolutamente
absoluto, cuando esté poseyendo a Dios y poseído por Él. No se trata de un ir
de aqui a allí buscando lo que pueda saciarme, sino de estar constantemente
saciándome de las gotas de verdad que en su infinita sabiduría Dios preparó
para mí, en una línea que lleva hacia Él.
El gozo estético
proporcionado por una obra de arte o por la vista de un paisaje bello, en el
cual nos paramos sin preguntarnos por sus partes, sino maravillados, y sin la
menor duda de que eso es real, y queriendo lo real por ser real, me parece una
prueba incontestable de la aprehensión primordial de realidad de la cual habla
Zubiri. La contemplación no es nada más que la capacidad de percibir el poder
de lo real [a realidade, o “de suyo”, é um “poder” que domina e funda a vida
humana através das coisas e pessoas reais entre e com as quais vivemos] sin
necesidad de intelección dual [conceituações e afirmações] y con unas
inmediatas fruición y apropiación volitiva sin actividad, que viene como un
regalo, sin esfuerzo. Se trata de la máxima actualidad intransitiva, en la cual
nos embebemos de la realidad en su poder que trasciende en cada cosa real. Hay
plena unidad del espíritu, es decir, plena atención de la intelección
primordial, voluntad integra toda aplicada y, en consecuencia, sentimiento
estético puro, que constituye la bienaventuranza “natural” del hombre, un breve
instante de éxtasis que le pone en comunión con toda la realidad creada –no
directamente con el Fundamento– para salir, después de estos momentos en que no
se puede quedar mucho, donándose a las personas y a la realidad de los
vivientes y del cosmos.
En la mística
cristiana, Dios corona este esfuerzo donando la visión beatífica al santo por
breves instantes; el místico cristiano se ve a si mismo, a su personeidad ya
plenamente poseída en Dios –y no solo a su plena comunión con el poder creado
de lo real–, es decir, se ve en el cielo (y ahí ve todas las bellezas de la
creación de Dios de una sola vez). El religioso oriental, profundo metafísico
conocedor de la aprehensión primordial inefable, se entrena para vivir en este
estado de pasividad, pero con dos riesgos co-implicados: el de dejar de
reconocer la realidad propia de las cosas, que se convierten en “irreales”, y
el de dejar de reconocer la realidad propia, pues cesa la experiencia de
“Yoidad” [como Zubiri chama o Ego], una vez que no hay, en algunos breves
instantes, necesidad de realización, de volver al tiempo, pues la persona y el
plenário poder de lo real –no el poder de ésta o de aquella cosa– se hacen una
sola realidad.
Urge encontrar la
inteligencia sentiente en la contemporaneidad, porque el solipsismo radical de
la Razón moderna alejó a sus intérpretes de la realidad, generando las respuestas
teórico-prácticas más absurdas de la historia de la humanidad, que por odio al
engaño de la razón concipiente [compreensão moderna da inteligência, enquanto
faculdade de conceber as ideias e, por elas, o real] pasaran a someter la
inteligencia de las cosas a la vonuntad de poder, a través de sistemas
irracionales y odiosos que a todo quisieran abarcar y/o destruir, reinventando
la realidad sin los ojos puestos en ella, y sin respectar al outro, y que
tuvieran como reacción una nueva “síntesis” caracterizada por aquello que el
Papa Benedicto XVI llamó la “dictadura del relativismo”, un individualismo impersonal
y despersonalizante, que en nombre de una libertad desarraigada de la verdad y
de la moralidad, niega la dignidad de los seres más indefensos y débiles, con
la universalización de la práctica más horrenda que el diablo podría sugerir a los seres humanos, la del aborto, la negación de la humanidad del
cuerpo, por odio a la matéria que la “conciencia sustantivada” y solipsista no
consigue penetrar para reconocer su suidad.
Hay que percibir que
los no-nacidos, los pobres, los débiles, los indefensos, que aparentemente
tienen “menos” para darnos, son, en realidad, los más “ricos”; en su parca
“talidad” [conteúdo real; vem de “tal” realidade] refulge el poder de lo real
invitándonos a ser más, a donarmos más, a preocuparnos más, haciendo
efectivamente lo que esté a nuestro alcance para que estos reciban de nosotros,
ya sea talidades que colmen sus necesidades ya sea la entrega de nuestras
mismas suidades, porque estas personas nos han dado lo mejor, que es el poder de
lo real clamando por el reconocimiento del rostro de Dios en ellos.

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